Nota rescatada de la lista de correo
de Perros Argentinos
Perros Argentinos - http://www.perrosargentinos.com.ar
Hola amigos perreros !!
He tenido el gusto de leer un muy lindo artículo en el
diario La Nación, y me parece importante poder compartirlo con todos
uds.
El tema central es un relato muy aleccionador que data de
1870, cuando en un alegato judicial se dijo por primera vez, lo que luego se
transformaría en la famosa frase "el perro es el mejor amigo del
hombre".
Además me parece que nos puede servir de disparador para
nuevos debates de nuestra lista, como por ejemplo: a) Violencia
contra las mascotas b) Qué leyes los amparan ? c)
Paseadores de perros (sí o no y porqué).....etc....
aquí les transcribo el artículo ¡No se lo
pierdan !!!!!! :
LA NACIÓN - 25/5/2000 - El perro y uno .
Título: Con la ley en su favor .
por Eduardo Tarnassi
"El 11 del actual La Nacion, en una nota de V.
Burrieza, daba cienta en primera plana de que un paseador de perros había
sido condenado por un juez en lo correccional a pagar un resarcimiento económico
de $480 (por cancelar en 20 cómodas cuotas) y a realizar trabajos
comunitarios durante cuatro meses en cumplimiento de una figura legal conocida
como probation.
¿Qué había hecho Adrían Silvio Pizarro? Le había
aplicado un puntapié letal a una perra boxer, la que murió desangrada (en
tiempos anteriores, el animal había formado parte de su clientela)
El juez Eduardo Etcharrán había desempolvado así la por
demás benigna ley 14346, de 1954, conocida como De protección al animal.
Una semana mas tarde cobró notoriedad un caso similar.
Ambos indignantes episodios nos llevaron a recordar la
historia de la famosa frase, universalmente aceptada, que indica que el perro
es el mejor amigo del hombre.
Aunque no lo parezca, esa definición prácticamente
institucional tiene dueño, y casualmente, fue dicha por primera vez en un
estrado judicial durante un brillante alegato.
Corría el verano de 1870 en los Estados Unidos. En el
condado de Warrensburg, Missouri, Viejo Drum era un foxhound muy conocido en
el lugar por sus manifiestas habilidades en la caza de zorros que, por esos
tiempos, solían darse opíparos banquetes en los gallineros de los vecinos
del lugar.
Charles Burden, su dueño, lo amaba entrañablemente. Se
sentía orgulloso de él y, cuando tomaba copas con sus amigos, no hacía otra
cosa que hablar de las hazañas de su compañero de cuatro patas, que
pacientemente lo aguardaba a las puertas del saloon.
Una mañana se desató la tragedia. Viejo Drum apareció
muerto de un certero disparo en la cabeza. Lo encontraron junto a un alambrado
de la finca del acaudalado Leonidas Hornsby, vecino de Burden. Este último,
tras llorar amargamente mientras abrazaba el cuerpo inerme de su compañero,
no dudó. Las evidencias indicaban claramente que Hornsby había
asesinado al Viejo Drum.
Burden, en su dolor, decidió que las cosas no podían
quedar así y llevó el caso al tribunal de jusrticia de Warrensburg.
Allí, luego de reírse de él por pretender que alguien fuese juzgado por la
muerte de un perro, le indicaron que le máximo de la demanda no podía
superar los 150 dólares.
La causa finalizó y el afligido dueño del Viejo Drum
resultó derrotado.
Sin embargo, decidió no bajar los brazos. Apeló hasta que
el caso llegó a la Corte del Estado en la que se dispuso que fuese el
tribunal del juez Foster Wright el que administrara justicia de forma
inapelable.
Hornsby, el acusado, fue representado por dos luminarias
del momento: Francis Cockrell, futuro senador de los Estados Unidos por
Missouri, y Thomas Critteden, que llegaría a ser gobernador del Estado.
Como patrocinante de Burden y Viejo Drum actuó el coronel
Wells Blodgett, que rápidamente se dio cuenta de que actuaría en desventaja.
Por pura casualidad, el militar se enteró de que en
Warrensburg se encontraba George Graham Vest, un famoso abogado asesor
presidencial. Ni lerdo ni perezoso, Blodgett le suplicó que lo ayudara. El
letrado, que mas adelante ocuparía una banca en el Capitolio durante 24 años,
aceptó por su amor a los perros.
El juez Wright, que estaba dispuesto a aplicar la fría
letra de la ley para acabar con el caso ese mismo día, nuca pensó que
asistiría a una lucha sin cuartel en la que se acuñaría la que después sería
una frase famosa.
Critteden y Cockrell se dirigieron al jurado. Su pilar
argumental giró en torno del valor monetario de la pérdida de Burden, que
considerron ridícula. Eso era lo que George G. Vest esperaba.
Tras meditar unos instantes, se puso lentamente de pie y ,
mientras caminaba de un extremo al otro de la sala, dejó de lado el
resarcimiento económico y habló de lo único que le interesaba: un
perro había sido muerto salvajemente.
De su alegato, con el que ganó el juicio, sólo se
conserva el fragmento que transcribimos textualmente:
Señores del jurado, el mejor amigo que
tiene un hombre en el mundo puede volverse contra él. Su hijo o hija, a los
que ha criado con amoroso cuidado, pueden ser desagradecidos. Aquellos que están
mas cerca nuestro y que nos son más queridos, aquellos a los que les
confiamos nuestra felicidad y nuestro buen nombre, pueden traicionarnos.
El dinero que un hombre ahorra puede
perderse. La reputación puede ser sacrificada en un momento de acción
impensada. La gente que está dispuesta a caer de rodillas para honrarnos
cuando el éxito nos sonríe, puede ser la primera en tirar la piedra de la
maldad cuando el fracaso nubla nuestras cabezas. El único amigo absoluto y
desinteresado que puede tener un hombre en este mundo egoísta, el que nunca
es desagradecido o traicionero, es su perro. Con esto estoy diciendo que el
perro es el mejor amigo del hombre.
¿Por qué sres. del jurado?. Porque el perro de un hombre
está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la
enfermedad. El dormirá en la fría tierra, donde sopla el viento y la nieve
se arremolina implacable, sólo para poder estar al lado de su dueño. Besará
la mano que no puede ofrecerle comida, cuidará las heridas y penas que el
encuentro vcon la rudeza del mundo le ocasione. Guardará el sueño de su
pobre señor como sifuera un príncipe. Cuando todos los demás nos abandonan,
él permanece. Cuando la riqueza desaparece y la reputación se hace añicos,
él es tan constante en su amor como el sol en su viaje por el cielo.
Si el destino lleva a su señor a ser un
proscripto en el mundo, sin amigos y sin hogar, el perro no pide otro
privilegio que el de acompañarlo para defenderlo del peligro y pelear contra
sus enemigos. Y cuando el último de todos los actos llega, y la muerte se
lleva a su amo, no importa si todos los amigos siguen su camino. Allí, junto
a su tumba, encontraréis al noble perro, la cabeza entre las patas, los ojos
tristes, pero abiertos en alerta vigilancia, fiel y leal aún en la muerte.
Leónidas Hornsby no sólo debió pagar el doble de lo
demandado sino que fue a dar con sus huesos a la cárcel.
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